Paco Mora. PEPITO

Pepito

 

Contaba en una de sus columnas de la revista "Crónicas" (de junio de 2002) mi amigo Ángel Luis Mota que un día, escuchando la radio, le dio un repelús cuando oyó que Vivaldi acababa de morir. Mi amigo tenía por seguro que el cura pelirrojillo, autor de "Las cuatro estaciones", llevaba criando malvas un porrón de años. Después supo que se trataba de un oso de El Hosquillo que la había palmado de una mala cagalera; y se felicitaba porque en nuestro país se apreciaran signos de cierto nivel cultural, cuando a sus animales se les bautizaba con nombres tan ilustres. Erraba el bueno de Ángel Luis. Un país que manda a China como nuestro representante a un bebé pepón que se llama Miguelito, no es muy serio. Así, no es extraño que al mayor hallazgo paleontológico –de alcance internacional- realizado en Cuenca, el Concavenator Corcovatus (que no Concavenator Conquensis, como quieren algunos), el primer dinosaurio carnívoro de Europa, de unos 130 millones de años de edad, le llamen Pepito. La risión. No digo yo Copérnico, Mozart, Dante o Arquímedes, pero al menos se podría haber buscado un nombre más grave, sonoro, consonante –en consonancia con la magnitud del descubrimiento-, como Graciliano, Procopio o Cojonciano, pongamos. Nuestro antepasado era un depredador de padre y muy señor mío, más malo que el bicho que le picó al tren. Quizá eso explica –será cosa del gen paisano- que por estas tierras se haya matado mucho, tanto en guerras, civiles o no, como en inciviles paces. En todo caso, a mí el tal Pepito no me llama la atención. Siempre supe que los dinosaurios siguen vivos. Lo de su extinción, milongas. No hay más que poner el pie en la calle. Y observar al paisanaje.

 

El Día de Cuenca
22 de septiembre de 2010.