Paco Mora. EL RATONCITO PÉREZ

El ratoncito Pérez

 

A mi hija se le acaba de caer su primer diente. Llevaba unos días excitada pensando en el ratoncito Pérez, ese ser genuino, y tan nuestro, que compra incisivos. La verdad es que el roedor se ha portado con ella como un caballero de los de antes. Pérez, sin duda, es muy inteligente; ya lo dice el dicho, "eres más listo que un ratón colorao". Lo de astuto y listísimo se demuestra respondiendo a la pregunta de cómo un animal menudejo puede tener tanto dinero como para pagar todos los dientes infantiles. Elemental. Ha hallado la fórmula que el hombre persigue desde la noche de los tiempos: la de la piedra filosofal. Claro que debe ser imperfecta y en vez de la ecuación que muda en oro todo cuanto toca sólo la ha conseguido para los dientes de leche. Pérez, el ratón, también debe estar en la pomada de la fuente de la eterna juventud, porque hay que ver los años que lleva metido en faena sin que para él pasen los años. Otro factor a tener en cuenta es que hombre y ratón tienen un genoma casi calcado. En otros países, en vez de Pérez, está el "hada de los dientes". Aunque dónde va a parar entre uno y otra. Un hada es un hada y con hacer un clic con su varita mágica te convierte a un gris coleccionista de vitolas en un príncipe azul. Así bien se puede. Pero en fin, las cosas son como son, le duela o no a la ministra Aído, y tan reales como un monosabio o un sexador de pollos son meigas, duendes, elfos, cuélebres, hadas, trasgus, pérez y princesas encantadas. Y es que (Hölderlin dixit: "El hombre es un dios cuando sueña, un pordiosero cuando reflexiona") ya se sabe que la razón es, por naturaleza, alicorta, mientras la imaginación, los sueños tienen unas alas de aquí te espero.

 

El Día de Cuenca
29 de septiembre de 2010.