Paco Mora. GATOS A LA CARTA

Gatos a la carta

 

De un tiempo a esta parte han proliferado como hongos las empresas dedicadas a subvenir nuestras "necesidades" (léase caprichos) de nuevos ricos. Con la estupidez que nos embarga hacen su agosto ese tipo de negocios que igual te proporcionan un Cadillac del 59 en dos horas, para impresionar al ligue de una noche loca, que te traen, de un día para otro, un ramo de flores exóticas que únicamente se crían en la isla de La Gomera.
Hace algunos años a unos vivales se les ocurrió la graciosa idea de montar una agencia matrimonial para mascotas. Al parecer se forraban con las lindas ceremonias nupciales que organizaban -luna de miel incluida- entre el Chihuahua de una pija de Azca y la Boston-Terrier de un yuppi de La Moraleja. Ignoro si con el tiempo han diversificado el negocio y así, por ejemplo, hoy celebrarán bodas entre animales de distinta calaña. Por qué no, en el amor, como en la justicia, no debe prevalecer discriminación alguna por razón no ya de sexo, sino de especie. Lo digo porque mi vecino de enfrente arde en deseos de desposar a Paquita, su iguana antillana, con Ka, la popular boa constrictor de la calle del Peso (aunque sea por poderes, ya que la dichosa serpiente sigue huida). Si algún lector amigo sabe algo al respecto mi vecino agradecerá la información y gratificará adecuadamente.
Pues bien, lo último de lo último se le ha ocurrido a algún lumbreras made in USA. En Nueva York se acaba de inaugurar el primer restaurante exclusivo para gatos. Dispone de una suculenta carta de albondiguillas, croquetas y delicias varias capaces de embriagar las papilas gustativas de los mininos más exquisitos; también, claro está, de desinflar los bolsillos de sus dueños, aunque éstos, podridos de dinero y desvergüenza, apoquinan gustosos lo que sea menester con tal de saber que sus bigotudas mas-cotas llevan una alimentación sana y equilibrada. Es de suponer que la carta, para que puedan entenderla los felinos y pedir como es debido sus platos favoritos, estará escrita en idioma gatuno, que como todo el mundo sabe es el maullí. En fin. Si fuésemos como deberíamos ser, con este restorán aleccionaríamos a nuestros semejantes más desfavorecidos. Por ejemplo, imprimiendo folletos con fotos del local lleno de gatos mascando a dos carrillos y enviándolos a los países subdesarrollados con la leyenda: "Nivel de progreso y civilización al que podéis llegar si os aplicáis un poco... y no os empeñáis en comer caliente todos los días". ¿O no?

 

El Día de Cuenca
08 de septiembre de 2004.