Paco Mora. VARGAS LLOSA

Vargas Llosa

 

Sí, de sobra sé que los premios literarios están siempre en entredicho. Y con razón. Por manipulados. Desde el más humilde otorgado en un pueblo remoto al de mayor relumbró. El Nobel, el premio de premios, no es una excepció. Se retrata tanto en sus escandalosas ausencias como en sus concesiones, m&aoacute;s que dudosas con cierta frecuencia. Pero para ser ecuánimes, hay que decir también que en muchas ocasiones se ha entregado a escritores imprescindibles. Por eso me ha alegrado que se lo acaben de dar a Mario Vargas Llosa, un autor necesario. Si no hubiera sido por él –cuando leí deslumbrado "La ciudad y los perros" siendo muy joven- y por otros cuantos como él, yo no habría escrito nunca. Si eres capaz de redactar la novela que acabo de citar con veintipocos años, es que tú estás hecho para esto de emborronar cuartillas. Es uno de esos autores de los que conservo en mi biblioteca casi toda su obra, porque hay que reconocerlo: escribe como Dios. Y además es hombre honesto y sensato y, sobre todo, un literato inteligente (de la cabeza a los pies) de una enorme altura. Pero es que hay algo aún más importante: durante muchos días, hasta el hartazgo, la gran literatura, gracias a él, se va a escribir –y a leer en todo el mundo- en español, esa lengua nuestra tan rica, tan sabia, tan grande. Lástima que la mayorí de los que la hablamos –unos 500 millones- la degrademos tanto (dicen que un chaval de hoy no gasta más de 300 palabras del diccionario) y no sepamos lo que nos llevamos a la boca cada vez que una palabra entra o sale de nuestros labios: un manjar exquisito, único, esencial para seguir respirando. Porque la palabra es el hombre, y no es un tópico.

 

El Día de Cuenca
13 de octubre de 2010.