Paco Mora. MEDIOCRIDAD

Mediocridad

 

Ay qué tiempos aquellos en los que Alfonso Guerra llamaba a Adolfo Suárez (a la sazón presidente del gobierno de una democracia todavía en ciernes) tahúr del Mississippi. O esos otros, pocos años después y ya con los socialistas en el poder, en los que Felipe González representaba a la perfección el papel de poli bueno mientras, en el elenco, al propio Alfonso Guerra le tocaba en suerte representar el de poli malo. No me interpreten mal. Ni apocalíptico ni integrado: detesto ese dicho tontaina que afirma que cualquier tiempo pasado fue mejor; bien al contrario, soy del parecer de que todo tiempo pasado es, siempre, peor. No hay más que echar la vista atrás y ver nuestras vidas hace equis años (en la equis que cada cual ponga el número que le plazca, ya sea un 40, un 200 o un 1.000) y mirarnos ahora. Pero convendrán conmigo que, desde hace demasiados años, el nivel de nuestra clase política viene cayendo en picado a ojos vistas. Si ya con Aznar comenzó a instaurarse la mediocridad, con Zapatero, siendo generosos, la mediocridad y tres cuartos. Pero es que la alternativa, Rajoy, mucho me temo que traerá la mediocridad absoluta. ¿Qué nos queda? Claro que, extrapolando el asunto a los políticos del universo mundo estamos en las mismas, excepción hecha, quizá, del ex de América, el sr. Bush, rey de reyes –por los siglos de los siglos amén Jesús- de la tontez supina. Sin duda, el desprestigio al que los gerifaltes del planeta han llevado el noble ejercicio de la política es inmenso. Confiemos que no irreparable. Porque ya no los cree nadie. Solo cacarean, de continuo. Y además, el suyo es un cacareo de gallina llueca. O, a lo peor, de gallo capón.

 

El Día de Cuenca
27 de octubre de 2010.