Paco Mora. LAS MANOS SUCIAS

Las manos sucias

 

No lo soporto más. El cinismo, la hipocresía, el fariseísmo. La que se ha montado porque Felipe González ha dicho que aún hoy tiene dudas de si hizo bien cuando, en tiempos, tuvo ocasión de hacer volar por los aires a la cúpula de eta y decidió no hacerlo. Yo creo que sólo demuestra que es un hombre de conciencia, con buena conciencia y no, claro, hacia un grupo de salvajes asesinos sin razón ni corazón que no habrían dudado, en su caso, en hacer saltar en pedazos al gobierno de España en pleno si hubiesen tenido ocasión, cuanto por la cantidad de inocentes vilmente asesinados por los terroristas que podría, quizá, haber salvado de haber tomando otra decisión. La pregunta es sencilla: las viudas, los huérfanos de los muchos masacrados por aquella cúpula terrorista en los años posteriores, ¿habrían hecho lo mismo? Más elemental aún: si alguien, en vísperas de la guerra mundial, hubiese acabado con Hitler (el mayor genocida de la Historia, con Stalin, Pol Pot y tantos otros), ¿habríamos considerado su muerte como un acto de caridad, incluso de dignidad en defensa de la humanidad? ¿O no? Y sí, yo creo, sin fisuras, en el Estado de Derecho pero insisto, no soporto el fariseísmo, cuando viene, por ejemplo, de un partido (hoy sin duda democrático) creado por un racista bilioso, Sabino Arana; o de otro que apoyó una guerra aún hoy encarnizada porque había que salvar al mundo de unas inexistentes armas de destrucción masiva. Uno, por más que suelte por su boca, no puede engañarse a sí mismo. Y lo dice el que suscribe, que pisa una hormiga sin querer y se descompone. Porque sé que las heridas de la conciencia no cicatrizan jamás.

 

El Día de Cuenca
10 de noviembre de 2010.