Paco Mora. EL TONTAINA VIRTUAL

El tontaina virtual

 

Daba repelús verlo. Ni la niña de El Exorcista. El chaval, soltando por su boca sapos, culebras y espumarajos, los ojos inyectados en sangre, chillando como un cerdo degollado, dando porrazos al teclado del portátil, a la pantalla, a la mesa, parecía poseído por las huestes al completo del sin par Belcebú. Ni el loco más loco entre los locos ha mostrado jamás tal grado de agresividad. ¿Qué pasaba? Que al ordenador de la criatura se le había cruzado un chip (como los que pueblan la sesera del homo virtualis que él representa), había hecho ¡plof! y no le permitía seguir jugando a su juego favorito. Las imágenes, escalofriantes, las dieron por televisión hace unos días. Dicen los que saben de estas cosas –aunque algo me olía yo- que todo esto de las consolas, los interneses y demás, engancha, engancha mucho y está creando toda una serie de patologías, de nuevos enfermos de aúpa. Nuestros nenes no sólo viven cada día más aislados en su mundo virtual, rinden menos en sus estudios, etcétera, sino que, además, se nos están poniendo muy malos de puro empacho. Ya veremos cómo acaba la cosa. Los japoneses, que algo tienen ver con esto, han hallado el remedio para ese aislamiento que provoca la pantallatitis. Han creado una cantante pop virtual, un holograma llamado Hatsune Miko (tipo lolita, claro) que llena estadios de tontilanes virtualizados que con lágrimas en los ojos corean sus canciones y le piden (como a los cantantes de carne y hueso que de aquí a nada serán una antigualla): “¡queremos un hijo tuyo!”. Cuánto me gustaría ver cómo será el hijo de un humano y un holograma. Porque todo se andará. Al tiempo.

 

El Día de Cuenca
24 de noviembre de 2010.