Paco Mora. LOS NUEVOS YEYÉS

Los nuevos yeyés

 

Se veía venir. Desde que grupos como “La oreja de Van Gogh” triunfan con su pop apastelado, mal remedo de Los Beatles que en el año 63 hacían saltar por los aires las listas de éxitos musicales con su encantador –y simplón- estribillo “She loves you, yeh, yeh, yeh…”, era cuestión de tiempo que una nueva generación ye-ye plantara sus reales en esta sociedad tan virtualizada como huera. Solo nos falta, para completar el cuadro, volver a poner de moda la yenka. Lo que no me olía yo es que, en lugar de melenudos con pinta de bultos sospechosos –como entonces- la revolución ye-ye viniera esta vez de la mano de señores tan encorbatados y peripuestos como nuestros académicos de la lengua. Vaya por delante que para alguien como yo, que lleva toda su vida viviendo (y creyendo) en la palabra, tan vitales en mi vulgar existencia como los grandes maestros de la literatura han sido los filólogos, lexicólogos y lexicógrafos importantes. Mi gratitud y respeto eternos. Pero esta vez no. Me declaro insumiso. Incorrecto, además de políticamente, en materia ortográfica y gramatical. Jamás de los jamases dejaré de llamarle i griega a la i griega. Ni aunque me lo recete el médico. Discúlpenme ustedes, pero es que eso de llamarla ye, me da la risa. Pasé porque me quitaran el limbo, quintaesencia de la única patria del hombre, que es la infancia; tragué con que a Plutón me lo expulsaran, por menudo, del olimpo planetario, pero esa varita de zahorí que representa la i griega no van a tocármela. La época de mis guateques ye-ye pasó a la historia, porque como Gil de Biedma hoy puedo decir, a mi pesar, que de casi todo hace ya treinta años. ¡Ea!

 

El Día de Cuenca
01 de diciembre de 2010.