Paco Mora. SALUD

Salud

 

Hoy, lector amigo, como muy bien sabes es el día de la salud. Parece mentira que con la cantidad de días para todo que los lumbreras del planeta se han inventado, día mundial del gateo, día internacional de los cazadores de estrellas, jornada universal de los animales de lengua bífida, no hayan caído en la cuenta de que el 22 de diciembre debería decretarse la maÑana (porque es la maÑana la que cuenta) panhispánica de la Salud (con ese alta). Lo más probable es que cuando leas estas líneas el sonsonete merengado de los niÑos del colegio de San Ildefonso cifre en euros unos números imposibles que suenan todos iguales en el aparato de radio. Suenan igual pero no son el mismo, como tú sabes, desocupado lector, porque en esos bombos, qué casualidad, siempre queda dentro el tuyo. Lo cual, si bien se mira, es lógico: con tal cantidad de bolas rodando sin parar, chocándose, estrujándose materialmente los doses con los cuatros, los nueves con los sietes, los ceros patateros con los retorcidos ochos, cualquiera acabaría mareado y con una melopea de aúpa y, así, a ver quién es el guapo que encuentra la puerta de salida; más, si tenemos en cuenta que la puerta es liliputiense, como aquella que encontró Alicia en su país de las maravillas, por la que no le entraba ni el dedo meÑique. Si uno fuese bola de lotería andaría todo el rato agarrado a un barrote del bombo, ciego de biodraminas. Ya lo dijo la sin par Marisol: la vida es una tómbola; lo que ocurre es que vaya usted a saber por qué extraÑo azar, la muÑ eca chochona siempre le toca al otro. Poco importa, mientras haya salud, allá películas. Feliz Navidad, amigos.

 

El Día de Cuenca
22 de diciembre de 2010.