Paco Mora. AÑO 10

Año 10

 

Llegados a este punto, quiero decir a estas fechas, volvemos con menester, y un poco acongojados, por donde solíamos, como cada vez que la última hoja del calendario –sólo quedan dos días- cae espantando los fantasmas de lo que pudo haber sido y no fue, sacudiéndose los demonios de lo que creímos tener pero no alcanzaremos nunca. Y es que, seguimos engaÑándonos con el tiempo, que no es, y de serlo, se nos escapa entre los números del almanaque, por más que nos empeÑemos, en una pura convención que nada cifra, en querer medir lo que no consiente medida, en intentar contar lo que escapa a cualquier contabilidad al uso, porque para el tiempo el debe y el haber son pura entelequia en el infinito: ¿cuál es el último número de la eternidad? Y así, equivocados siempre, volvemos a recapitular sobre este aÑo 10, intercambiable, que si miramos bien en poco se diferencia del 9, o del 7, porque seguimos a vueltas con lo adjetivo –con el maquillaje, la máscara que nos permite mirarnos al espejo sin que el azogue salte en mil pedazos partiéndonos la cara- pero lo sustantivo cotinúa mostrándonos un mundo en parihuela del que somos incapaces de mitigar tanto dolor, tanta injusticia, tanta muerte provocada que, qué narices, a fin de cuentas, al orillo de nuestro brasero bien cebado, si acaso no va a provocarnos más que otra arruga en la conciencia… y tenemos tantas ya. Y sin embargo, debemos persistir en creer para ver –que no en ver para creer- al hombre que hay detrás de la máscara y que, paradójicamente, habrá de salvarse a sí mismo, o no será. El Ño 11 no es mal momento para intentar saltar al otro lado del espejo.

 

El Día de Cuenca
29 de diciembre de 2010.