Paco Mora. LENGUA BÍFIDA

Lengua bífida

 

Cuentan que fueron dignas de ver las caras de espanto de los presentes en el parto al ver la singularidad del recién nacido. Pero el tiempo puso pronto las cosas en su lugar. Después de todo, así como hay personas que nacen con seis dedos en un pie y llevan una vida normal, el que aquel niÑo hubiese venido al mundo con una larga lengua bífida, semejante a la de ciertas serpientes, tampoco había supuesto impedimento alguno para su desarrollo: hablaba como cualquier otro crío, incluso con mayor fluidez y una voz más rítmica y timbrada, y su sentido del gusto no había sufrido merma ninguna. Fue en la pubertad cuando notó los primeros síntomas extraÑos. Era como si hablara con eco, como si, pronunciada una palabra, una décima de segundo después un eco que anidaba en el cielo de su boca la repitiera. A los 29 aÑ os de edad se consumó la transformación. Mientras el tajo derecho de su lengua decía una cosa, por ejemplo: “tengo un hambre canina”, el tajo izquierdo decía la contraria: “no tengo apetito”. Lo asombroso es que soltaba ambas frases simultáneamente. Entonces tuvo la revelación: sería político, doble, porque podía representar a la vez a conservadores y progresistas. Desde aquellos días, nuestro remoto y feliz país aúna en la misma persona al presidente del gobierno y al líder de la oposición, manden unos u otros. La gente no es tonta y, votándolo, sabe que se ahorra la mitad en gastos, tejemanejes y mangoneos. Dicen los maledicentes que de un tiempo a esta parte ha comenzado a utilizar su lengua bífida para cazar y engullir. No lo de siempre, sino personas. Infundios de los programas de cotilleo.

 

El Día de Cuenca
12 de enero de 2011.