Paco Mora. DIGNIDAD Y DECENCIA

Dignidad y decencia

 

En “Las armas y las letras”, de Andrés Trapiello, leo: “Pasadas las guerras, quedan cuatro fechas, tres nombres, una causa, si acaso. Quedan también, por encima de ellas, un gesto, una impresión, un adjetivo que las resume para siempre, destiladas en poesía. De aquella “guerra nuestra” quedará, expresión de lo mejor de España, lo que le ocurrió a Machado en el pueblo conquense de Tarancón”. Se refiere a la noche que pasó Antonio Machado en esta villa, cuando se le evacuaba tras el Gobierno de la República, en plena guerra civil, a Valencia. Lo alojaron en un cómodo caserón. El poeta preguntó por la familia que lo ocupaba antes y se le dijo que les habían dado el “paseo”. Machado, por delicadeza, no deshizo aquella cama y pasó la noche en la alfombra. El gesto contrasta con otras actitudes, como la de Camilo José Cela, que en carta rubricada el 30 de marzo de 1938 y dirigida a las autoridades del “Glorioso Movimiento Nacional” solicita –qué acto de vileza- su ingreso en el Cuerpo de Investigación y Vigilancia, porque “cree poder prestar datos sobre personas y conductas, que pudieran ser de utilidad”; o sea, que se ofrece de delator de virtuales depurados y quién sabe si “paseados”. Y contrasta con la de Alberti, que en una foto suya de 1936, escribe de su puño y letra: “Para Luba y Ehrenburg en la belle époque”; Alberti estaba instalado en Madrid en el palacio de los Heredia Spínola, donde montaba fiestas con el fabuloso ropero que había sido de los marqueses. En fin. Cuánto que aprender, hoy, intelectuales y escritores, en estos tiempos orondos y desdibujados, del supremo ejemplo de dignidad y decencia de Machado (y del de Miguel Hernández) que murió –los murieron- de guerra y melancolía.

 

El Día de Cuenca
09 de febrero de 2011.