Paco Mora. TITULITIS DESTITULADA

Titulitis destitulada

 

El mundo al revés. Hasta hoy, desde que se universalizaran las enseñanzas universitarias y, en paralelo, se redujera a escombros la antigua formación profesional –tan deficiente antaño, por cierto- lo común es inculcar en nuestros hijos un afán titulatero desmedido. Hay que acabar una carrera como sea –mejor si son dos-, rematarla con másteres, tesinas y tesis y sazonarla con kilo y tres cuartos de cursillos; todo con sus diplomas rubricados para engordar un currículo que, sin duda, debe franquear la entrada a un trabajo –un puesto- de campanillas. Uno siempre ha tenido sus dudas con este planteamiento, entre otras cosas porque nos aboca a la ruina, al inexorable desplome del sistema. En una sociedad ideal, donde todos sus adultos sean titulados universitarios y, en consecuencia, ejerzan la profesión para la que se han preparado a conciencia: médico, ingeniero, arquitecto, profesor, abogado… ¿quién nos cambia el grifo, nos sanea la gotera, nos cose el traje o nos lleva en el taxi? Lo dicho, inviable. Así, ha aparecido una nueva subespecie dentro de la especie: la del profesional –o trabajador- frustrado, porque desarrolla un oficio equivocado; y con razón, a ver qué hace uno que toca el fagot de auxiliar administrativo mareando papeles. Claro que en estos tiempos de endiablada crisis, más cornadas que la frustración da el hambre; de modo que lo que hacen nuestros titulados es mentir en el currículo, pero por defecto, quitándose méritos a mansalva u ocultándolos. Y es que el empresario no quiere –es potencial fuente de conflictos- a un muchacho con dos carreras y media para hacer de demandadero. El acabose.

 

El Día de Cuenca
09 de marzo de 2011.