Paco Mora. MILLONARITIS AGUDA

Millonaritis aguda

 

La pregunta es sencilla, ¿cómo se puede pasar de vender batas en una tienda, a ser multimillonario? Hablo, como han supuesto, de la lista de la revista Forbes sobre los hombres con las fortunas personales más grandes del planeta, o sea, de los señores Slim, Gates, Buffett y claro, de Amancio Ortega, el número uno español al que me refería al principio. La respuesta a mi pregunta es, creo, complicada, porque no puede tratarse solamente de trabajar de sol a sol. Mi padre, y cientos de personas a las que todos conocemos, lo hicieron siempre y su fortuna les alcanzó, si acaso, para comprar una casa modesta y tener unos ahorrillos con los que pasar una vejez sin demasiados sobresaltos. Luego tiene que haber más. Lo sorprendente de la lista de este año –de crisis más que criseada- es que no solo todos los ricachones han aumentado sus riquezas a espuertas, sino que se han sumado a la lista de amasadores milmillonarios más de 200 nuevos nombres. Curioso y de lectura fácil: la crisis masacra a una inmensa mayoría que se las ve y se las desea para llegar a fin de mes y paralelamente hace más rico al rico, minoría silenciosa y al acecho. No caeré en la ingenuidad de decir que tal y como está el mundo esta millonaritis aguda de mil y pico personas es amoral –y lo es- porque este es el sistema que nos hemos dado y así funciona, y porque no podemos caer en la hipocresía, sabiendo que es un sistema que nos va de perlas: a pesar de los pesares, a unos pocos nos hace vivir en la opulencia en comparación con otros muchos. Pero, ¿de verdad este estado de cosas es incompatible con algo más de equidad y justicia, siquiera sea poética? ¿Sí?

 

El Día de Cuenca
16 de marzo de 2011.