Paco Mora. JAPÓN. FUKUSHIMA

Japón. Fukushima

 

“Somos parte de la tierra. ¿Quién puede comprar o vender el cielo, el calor de la tierra o la rapidez del antílope? No podemos imaginarlo. Si nosotros no somos dueños del frescor del aire, ni del brillo del agua, ¿cómo podríais comprárnoslos? (…) Las flores son nuestras hermanas, el venado, el caballo, el gran águila; las escarpadas peñas, los húmedos prados, todos pertenecemos a la misma familia. (…) Los ríos son nuestros hermanos… (…) El aire es un gran valor para el Piel Roja, pues todas las cosas participan del mismo aliento: el animal, el árbol, el hombre… El viento dio a nuestros padres el primer soplo de vida y recibe su último suspiro. (…) El hombre blanco debe tratar a los animales como a sus hermanos, porque lo que le sucede a los animales también le sucederá al hombre. Todo está enlazado. (…) Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos. Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. Todo lo que le ocurra a la tierra les ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida, él es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo”. No se me ocurre nada mejor que prestar mi columna –a modo de plegaria y ante la devastación provocada por el terremoto, el tsunami y el accidente de la central nuclear de Fukushima, en Japón- a las sabias palabras del Gran Jefe Indio Seattle, en un vano y romántico intento por solicitar de la Naturaleza que sea más benigna y piadosa con nosotros, a pasar de nuestras agresiones. Nos enmendaremos, confío. Mi pesar por tanta muerte y dolor.

 

El Día de Cuenca
23 de marzo de 2011.