Paco Mora. DYLAN LIGHT

Dylan light

 

A los mitos les sientan como un tiro las zapatillas de andar por casa. Uno no puede imaginar a los Beatles, a los Creedence o al más cercano Serrat, en pantuflas y abrigados al orillo del brasero con un batín guateado. No. Los mitos requieren distancia, porque hay cosas que nos rompen los esquemas, por no decir los sueños, que es casi lo único nuestro donde no puede entrar nadie al que no hayamos invitado. Es un poco lo que nos pasó a muchos hace unos años con Bob Dylan, cuando llegó hasta nuestro mismo cuarto de estar y dio un concierto en el campo de fútbol de Cuenca, un concierto, dicho sea de paso, nada memorable que el bueno de Bob cantó de perfil, sin dirigir una sola mirada al público y de corrido, como si quisiera cumplir el trámite lo antes posible. Y sin embargo Dylan, además del autor de varias obras maestras, ha sido para alguna generación el icono del inconformista; la voz de la protesta y la libertad; el gesto cómplice contra la guerra y la injusticia. Un mito, en fin, de nuestra juventud, cuando creíamos –románticas almas de cántaro- que una canción o un poema podían cambiar el mundo, o que una flor depositada en el cañón de un fusil era suficiente para detener un tanque. Ahora, después de varios intentos, Bob Dylan ha logrado actuar en China. Pero lo ha hecho aceptando ser censurado, renunciando a cantar varios de sus himnos, como “Los tiempos están cambiando” o “La respuesta está en el viento”. Pobre Bob sometido y descafeinado. Menos mal que nos quedan sus vinilos, para cantarlos hasta el hartazgo e incluso seguir soñando, cuando nadie nos ve y aunque el alma la tengamos ya en carne viva, que una flor en el ánima de un fusil sí puede parar un tanque.

 

El Día de Cuenca
13 de abril de 2011.