Paco Mora. AZUL ENFERMIZO

Azul enfermizo

 

En los años 70 de la pasada centuria los problemas medioambientales de los que se hablaba con cierta asiduidad se resumían en una palabra: polución. Eran tiempos en los que nadie pensaba que alguna vez sería necesario un ministerio de Medio Ambiente. Después, cuando descubrimos socavones en la capa de ozono, que los ríos cada día fluían más envenenados, que los asesinatos indiscriminados de animales y árboles estaban convirtiendo las tierras en eriales o que los polos se derretían como helados en la calima de agosto, y comprendimos que estábamos hiriendo de muerte a este planeta que se nos va quedando en cueros vivos, empezamos a hablar de contaminación, con su nombre propio y sus muy variados apellidos. Así nos habituamos, por ejemplo, a lo de la contaminación acústica y a saber de los perniciosos efectos del ruido no solo en nuestra salud, sino en el equilibrio mismo del ecosistema que sostiene el globo terráqueo. Y ahora oímos cada vez con más frecuencia el término contaminación lumínica, que es la causante de que a las aves migratorias la noche les parezca el día en nuestras ciudades y se estampen contra los edificios muy iluminados. Por lo visto, se ha descubierto que los tonos azulados que tan de moda se han puesto en las bombillas de casas y calles inciden en la aparición de algunos cánceres, porque inhiben la secreción de melatonina, una hormona fundamental para nuestro organismo. ¡Vaya por Dios! No quiero pensar en los efectos del hallazgo sobre esa maravilla de la naturaleza que es la Hoz del Júcar, con su iluminación nocturna azulona. Menos mal que siempre nos quedará la del Huécar –otro prodigio conquense-, tan anaranjada y cuca ella.

 

El Día de Cuenca
27 de abril de 2011.