Paco Mora. LAS ABEJAS

Las abejas

 

Y el hombre sigue en sus trece. Seguimos. Creyéndonos los reyes del mambo, los más listos del universo mundo, unos seres únicos e irrepetibles, aun sabiendo que compartimos un porrón de adeene con ratones y cerdos. Insistimos, con empecinamiento mostrenco, en autoproclamarnos amos de la Tierra –cada cual engaña al espejo como puede todas las mañanas- cuando ya se ha escrito por activa y por pasiva que somos apenas unos recién llegados a este hermoso planeta, mientras hay especies que llevan aquí millones de años más que nosotros, especies, por cierto, que no parecen merecernos ningún respeto, porque las aplastamos sin piedad. Y no obstante, dos cosas están claras: somos más malos que el bicho que le picó al tren (solo así se explica nuestro histórico afán de exterminio y destrucción, ¿o no, dead bicho Bin?) y, mal que nos pese, somos entes liliputienses e indefensos frente a las fuerzas desatadas de la naturaleza. Pendemos de un hilo muy frágil que en un instante puede dar al traste con nuestra prepotencia, así se quiebre la cadena de la biodiversidad que mantiene en equilibrio el globo terráqueo.

Estos días, un informe de Naciones Unidas alertaba sobre el gravísimo problema –ya afecta a los cinco continentes- que supone la creciente y rápida desaparición de las abejas, esenciales en la polinización de los cultivos. Han saltado las alarmas, sobre todo porque nadie sabe cómo atajar el mal. Einstein dijo que si las abejas desaparecieran del planeta al hombre le quedarían cuatro años de vida. Sería curioso que un insecto mínimo –que está haciendo mutis por el foro a escape, sabe Dios por qué- fuera la metáfora de esa justicia poética que, no me negarán, nos hemos ganado a pulso.

 

El Día de Cuenca
04 de mayo de 2011.