Paco Mora. LAS ABEJAS

Las abejas

 

Ya sabíamos que en el delicado asunto del semen humano, de un tiempo a esta parte pintan bastos. No solo ha disminuido drásticamente la cantidad de semilla que es capaz de fabricar el macho de nuestra especie, es que, además, la calidad del producto deja mucho que desear, o sea, que de un traje de modisto de alta costura hemos pasado a elaborar en serie trapitos tipo Zara, por no decir de baratillo chino de todo a un euro. No podemos saber todavía las consecuencias que traerá el dislate pero, si bien se mira, tampoco es cosa de alarmarse mucho, a fin de cuentas el hombre es un ser tirando a defectuoso, si nos atenemos a nuestro modo de actuar y comportarnos con el entorno y con nuestros semejantes, así que si algún defectillo más nos ha de traer la evolución probablemente pasará desapercibido entre tantos otros.

De lo que no teníamos idea es que a los pájaros de ciudad les está pasando algo parecido. Según un estudio del CSIC, a los verdecillos –ya saben, esos primos hermanos de gorriones y jilgueros- les afecta tanto la contaminación acústica de nuestras urbes que si quieren dejar oír su canto tienen que desgañitarse, de tal manera que, para contrarrestar el escándalo ambiental, deben dedicar mucho más tiempo a cantar y hacerlo con más fuerza, hasta el agotamiento, y ese cansancio va en detrimento de sus ganas de jarana. O sea, que su inapetencia sexual está reduciendo la tasa de reproducción. Pobretes. Encima de currar como esclavos deben prescindir de las gratificaciones del sexo. Y todo, por nuestra culpa. Dice el dicho que un tonto jode a un pueblo entero. Luego varios miles de millones de tontos pueden dejar un planeta hecho mistos. Qué cruz.

 

El Día de Cuenca
11 de mayo de 2011.