Paco Mora. DIGNIDAD E INDIGNACIÓN

Dignidad e indignación.

 

España amaneció el lunes vestida de azul. Ha ganado el voto del desencanto, de la desilusión, incluso del enfado, porque aunque lo que se dirimía el domingo era la elección de los alcaldes de nuestros pueblos y de los presidentes de nuestras comunidades, es evidente que el sufragio se planteó en términos de unos comicios generales y, en ese sentido, el castigo, el durísimo correctivo al gobierno de Zapatero es antológico. Se podrá estar de acuerdo, o no, con el planteamiento, pero es comprensible dada la más que inquietante situación de nuestro país, herido por sus cuatro flancos. Ante la evidencia –se han cumplido todos los pronósticos- no hay análisis que valgan y, desde luego, el pueblo es soberano: ¡chapó!. Lo que, a mi entender, sí debe provocar una reflexión profunda es ese movimiento, todavía germinal, de “los indignados”. Entre otras razones porque ha sacado a la calle el sentir de muchísima gente que, aunque no acampe en las plazas de nuestras ciudades, está básicamente de acuerdo con sus postulados. Nuestra democracia tiene algo más que lagunillas y, qué duda cabe, es mejorable. ¿Por qué no intentar mejorarla, entonces? únicamente los demócratas de medio pelo pueden tener miedo a ahondar en la propia democracia. Ante la indignación, dignidad. No hay otro camino. Sería un error muy grave desoír la voz de la calle porque, aunque está por ver hacia dónde camina el movimiento, la mecha está prendida y en un año, o menos, habrá elecciones generales. Ah, y en contra de lo que piensan algunos tuertos, los del 15M, de mindundis nada. Ningún mindundi escribiría: “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”.

 

El Día de Cuenca
25 de mayo de 2011.