Paco Mora. COLUMNA PUENTE

Columna puente

 

Venía a decir mi añorado amigo Mota –perdón por manipularlo- que una columna periodística es una construcción, muy flacucha, en uno de cuyos lados balbucea el autor/perpetrador de las obras. Del otro lado sin embargo, a pesar de la delgadez de la columna, puede haber infinidad de personas, eso sí, con la extraordinaria facultad de resultar invisibles. La tragedia del arquitecto sería descubrir que a este otro lado no hay nadie. Uno, después de tantos años levantando varios columnarios que, de tan tupidos, resultan ya poco menos que un laberinto de piedra inextricable, se pregunta quiénes y cómo serán esos virtuales lectores que cada semana se afanan en enderezar los torcidos renglones que pergeña. Quisiera figurárselos buena gente, honesta: por ejemplo, ese empleado/a que cada mañana se levanta y acude a su trabajo, si el paro no lo ha relegado a la cola de la infamia, y con un salario escaso saca adelante a su familia, mientras oye cómo los financieros, responsables de esta crisis que está ahogando sus modestos sueños, siguen cebando su bolsa. Pero quién sabe, quizá detrás hay un canalla, en cuyo caso más le valdría callar. Si, como esta, la columna ve la luz en un puente y nuestras ciudades se vacían –el personal busca el Levante para torrefactarse a gusto- la sospecha de que no haya nadie del otro lado cobra visos de drama. Si así fuera, tal vez lo más digno sería que el autor se arrojase desde lo alto del capitel de la columna; encomendándose, quizá, a doña María Dolores, en cuyas manos hemos fiado los destinos de esta hermosa tierra, más quijotil que quijotesca, que llamamos Castilla-La Mancha.

 

El Día de Cuenca
01 de junio de 2011.