Paco Mora. ISA

Isa

 

La ciencia-ficción suele adelantarse a la realidad, a la propia ciencia sin apellidos y, en ocasiones, con una anticipación portentosa. Quién le iba a decir al bueno de Julio Verne que, mucho después de soñar un descacharrado viaje interplanetario, en efecto unos astronautas iban a pisar el calcinado suelo de la luna. Cuando Aldous Huxley redactó su novela “Un mundo feliz” quizá no creía aún que el milagro de la vida pudiera darse realmente en la probeta de un laboratorio y, tal vez menos, que se descubriría la secuencia completa del genoma humano, o que una oveja se clonaría con tal perfección que nadie sería capaz de distinguir el original de su clon. Aunque la verdad, la mayoría no distinguiríamos dos originales entre sí, porque todas las ovejas nos parecen iguales. Yo les confieso que estoy del lado de la ciencia, que tanto bien nos hace, aunque a veces sienta cierta prevención; porque también es verdad que en su nombre pueden cometerse atrocidades sin cuento. Que se lo digan si no a los investigadores nazis. Y hay cosas, con franqueza, que me parecen baladíes, como que un manzano dé manzanas con sabor a cereza o que un peral dé peras con forma de plátano. Hace unos meses nació Isa, una ternera capaz de dar leche humana, o sea, maternizada, gracias a una clonación con dos genes humanos. Bien está, siempre que no descubramos luego efectos secundarios de los que arrepentirnos, como que al bebé humano alimentado con ese lácteo le crezcan ciertas protuberancias en la frente o que, de mayor, padezca ofuscación sexual y prefiera una ubre a una buena teta. Sería una lástima.

 

El Día de Cuenca
15 de junio de 2011.