Paco Mora. PLÁSTICO

Plástico

 

Vivimos tiempos de hastío e insatisfacción, propios de una sociedad opulenta, por más que de la opulencia –o de su burbuja- estemos pasando a una crisis bien criseada. No parece abundar el que está contento con su circunstancia y, lo que es peor, consigo mismo. Un signo inequívoco de lo que digo, entre otros muchos, se manifiesta en la proliferación de las clínicas de estética, negocio al que según parece acude hoy en día hasta el gato de mi portera y que, como el tabaco, el alcohol y otras drogas, debe tener un componente adictivo importante porque, según cuentan, son ya muchas –y algunos- los que están enganchados a la cosa de la cirugía plástica. Una patología como otra cualquiera. Y así vemos lo que vemos por ahí: esa señora que de la noche a la mañana nos aparece con unos morros de chimpancé, luego con unos mofletes de boxeador noqueado, más tarde con unas tetas de plexiglás y después con un culo zumbón de cubana mollar primorosamente recauchutado. O sea, hecha un cromo: el photoshop –a lo cutre- de cuerpo presente, aplicado, en vez de al papel satén, a ese lienzo que nos cubre y que llamamos piel. Cuentan que lo último en plásticos ¿estéticos? es la sonrisa. Dicen que ahora, con unos retoques, te pueden pintar una sonrisa megafashion, imprescindible para dar buena imagen en este mundo que, si de algo está saturado, es de imágenes. Esperemos que no sea una sonrisa a lo Joker, el malo de Batman, porque apañados estaríamos. Supongo que lo próximo será “operar” las emociones, los sentimientos, etcétera, hasta llenar el planeta de autómatas profilácticos, sin mácula ni por dentro ni por fuera. En fin.

 

El Día de Cuenca
06 de julio de 2011.