Paco Mora. 360 PALABRAS

360 palabras

 

La columna de periódico tiene su intríngulis, paciente lector, no te creas. Mayormente porque debe ajustarse a un espacio determinado en el que cabe un número de palabras, y no otro. En el caso de esta que nos ocupa, 360 aproximadamente. Lo que ocurre es que las palabras, a veces, son muy traicioneras y a poco que nos confiemos desbordan la columna o nos la dejan raquítica y como encogida. Si el articulista se levanta con el pie cambiado, es fácil que el texto se le llene de palabros ampulosos y tremebundos como esternocleidomastoideo o abracadabrantemente, en cuyo caso por más que queramos no nos entran 360 ni con calzador, salvo que pongamos una letra liliputiense que nadie se atreverá a leer, más que nada por miedo a un desprendimiento de retina. Si, por el contrario, nos instalamos en la mañana ligeros de equipaje y con la sonrisa boba, muy probablemente el artículo nos saldrá cargado de conjunciones copulativas, tal que la copulativísima i griega, de modo que con la mitad del espacio reservado para nuestra columna vamos que chutamos.
El discreto lector argüirá que, con oficio, tampoco será tan difícil ajustarse al corsé impuesto. Tiene razón. A medias. En una columna escacharrada como esta importa poco cercenar una frase aquí o agregar unos adjetivos allá, según convenga, con tal de que nos quepa en la horma de la plana, pero si lo que pretendemos es redactar un artículo con su aquel, o sea, un artículo que contenga frases sustanciosas, como por ejemplo: "El plan urbanístico de la ciudad parece trazado por un mal aficionado a los puzzles"; o: "El arte, hoy, es un no es cansado"; o ya puestos: "La vida, en ocasiones, cae postrada ante la propia vida, ¿quién coño se ha llevado mis calcetines?", la cosa, entonces, cambia mucho porque ¿cómo poner o quitar nada sin desvirtuar el sentido de la frase? Y de no hacerlo ¿cómo cumplir con las 360 palabras pactadas?
Pero no es el caso, ya te digo. Un artículo turulato como el que acabas de leer contiene 360 palabras, exactamente. Si no me crees, querido e indignado exlector, relájate, échale humor y cuenta.

 

El Día de Cuenca
06 de octubre de 2004.