Paco Mora. CULTURA Y BARBARIE

Cultura y barbarie

 

Si la cultura y la educación no nos salvan de la barbarie, ¿qué nos queda? Pero es cierto, y ejemplos sobrados nos da la Historia. Uno puede gustar de las artes y, a la vez, ser un carnicero nazi o estalinista que cada día cumple fríamente con su trabajo con gran “probidad”. Muchos extremistas de cualquier laya son pura carne de acémila, pero otros muchos, vistos de canto, dan el perfil de “buena persona” culta y sensible. El último fin de semana hemos temblado con el caso de ese sujeto que tras su apariencia corderil escondía una zarpa lobuna. Me refiero, claro está, a ese ultraderechista, al que me niego a nombrar, que ha perpetrado la matanza de más de setenta personas en Noruega, casi todas adolescentes que habían cometido el tremendo delito de ser socialistas, o sea, de no pensar como él. Al parecer, el pollo era lector de Orwell y Kafka y en el, como diría Günter Grass, desagüe de internet había escrito una cita –manipulada- del pensador inglés del siglo XIX John Stuart Mill, del que dice admirar su obra “Sobre la libertad”. Sorprendente, si tenemos en cuenta que Stuart Mill defiende los derechos de las mujeres o la libertad de expresión, y en ese texto, cuya tesis es que cada individuo tiene el derecho de actuar conforme a su propia voluntad siempre que sus acciones no perjudiquen o dañen a otros, escribe: “Si toda la humanidad menos uno tuviera una opinión y una sola persona tuviera la opinión contraria, la humanidad no tendría justificación para silenciar a esa persona, del mismo modo que esa persona, si tuviera el poder, no tendría la justificación para silenciar a la humanidad”. Debió saltarse párrafos el muy cabrón.

 

El Día de Cuenca
27 de julio de 2011.