Paco Mora. JÓVENES CATÓLICOS

Jóvenes católicos

 

Hay que ver la tabarra que están dando algunos con el asunto de la visita papal y la jornada de la juventud que se va a celebrar en Madrid ya mismo. Harta un poco, la verdad. Se nos llena la boca con las palabras libertad y democracia, por ejemplo, pero a la postre esas palabras nos vienen grandes y, según, cómo y con quién, procuramos escribirlas con minúsculas, de canto o mirando para otro lado. Y eso no está bien. Es trampa. La grandeza de la democracia –y perdonen la perogrullada, pero a veces hay que plantar a Pero Grullo en las mismas narices para que dejemos de mirarnos el ombligo- es precisamente esa, que es democrática. O sea, de todos. Sin excepción. Incluso de los que no la quieren y la atacan. Eso sí, que la democracia sea democrática de verdad no quiere decir que sea tonta, ni ciega, y bien hace, con los mecanismos legales de los que dispone, en defenderse de los extremistas de cualquier laya y condición, porque el respeto absoluto por el otro, la garantía de que el otro y el uno puedan ser absolutamente libres sin hacer daño a nadie, está en su misma esencia. De modo que, ¿por qué ese alboroto si un montón de jóvenes –gente de bien y con valores- quiere hacer acto público de sus creencias en Madrid? ¿Dónde está el mal? Son libres para hacerlo, estemos o no de acuerdo con su credo, como todo hijo de vecino. Lo demás, pamplinas y ganas de marear la perdiz, a falta de serpientes estivales. Por supuesto que un estado democrático, aunque venga de una larga tradición religiosa, debe ser laico, pero eso no le da pábulo, sin atentar contra sí mismo, a cercenar el derecho de manifestación pacífica de nadie. Sea creyente o no. Faltaría.

 

El Día de Cuenca
17 de agosto de 2011.