Paco Mora. CRUEL VERANO

Cruel verano

 

Lo cierto es que hoy no tenía ganas de playa. Pero a ver quién era el guapo que les decía que no a los de la panda. Habían estado de jarana toda la noche, hasta bien entrada la mañana, y al despertarse, casi a las seis de la tarde, su cabeza era un coro de grillos. Resignado, se puso el bañador, una camiseta resudada y salió mascando aspirinas y un sándwich que le revolvió más el estómago. No temía la tarde, sino la noche que le esperaba. Desde que llegaron, cinco días atrás, jamás les sorprendió el amanecer en la cama, y la perspectiva de diez noches más así le daba náuseas. él no estaba acostumbrado a esa marcha, pero no podía reconocer su flojera ante los demás, que aguantaban de lo lindo. Eso nunca. él era uno más, aunque por dentro se muriera a chorros. Cuando llegó a la arena ya estaban todos allí. “No traes buena cara”, dijeron. “Me duele un poco la cabeza”, dijo él. Entonces, alguien sugirió que para la resaca, nada como un baño de arena. En una hora estaba enterrado de la barbilla a los pies, solo la cabeza al aire. Debía admitir que era muy agradable la sensación de la arena, húmeda y fresca, sobre su piel. Lo peor era la inmovilidad absoluta. A pesar de todo se quedó dormido. Lo despertó, ya de noche, una ola que vino a morir en su mentón. Silencio alrededor. Nadie. Se puso a gritar. Nada. ¿Cómo era posible? Gritó aún más, mucho tiempo. Cuando una ola rompió en su nariz y tragó agua salada y unos granos de arena, supo que estaba subiendo la marea. Cerró los ojos. Qué alivio, el dolor había desaparecido y esta noche, dijeran lo que dijeran los colegas, no pensaba salir de juerga.

 

El Día de Cuenca
24 de agosto de 2011.