Paco Mora. COLECCIONES

Colecciones

 

Lo del calendario, admitámoslo, es un camelo. Aunque el almanaque señale el 1 de enero como el año nuevo, cualquier estudiante sabe que su año real comienza con el curso académico, en septiembre. De igual modo, todos somos conscientes de que el verano acaba hoy, 31 de agosto. Y no solo porque cierren las piscinas o llegue la “operación retorno” y su “síndrome posvacacional”, sino por ese hecho tan singular de los coleccionables, del inicio de su campaña publicitaria, quiero decir; algo tan genuinamente español ya como la tortilla de patata, la canción del verano o los chillos de gallina llueca a lo “princesa del pueblo” en los programas de petardeo de la caja tonta. Es inevitable, las teles se nos han llenado, marcando el fin de la holganza, de anuncios de colecciones a cual más chic: ¿de botones y cremalleras con glamour?, ¿de los condones favoritos de tus ídolos del cine?, ¿de cabezas jibarizadas de famosetes alicatadas en purpurina fashion?, ¿de tanques de la II Guerra Mundial en llamas, despanzurrados por un obús?, ¿de coches de época en porciones?... Dicen que aquí, coleccionistas pocos, lo que hay son acaparadores de primeros números, por lo del precio promocional. Llamativo, teniendo en cuenta que lo que se estila son las colecciones a trozos, de montar. ¿Para qué quiere uno el capó de un coche en miniatura? Claro que, si bien se mira, con ese capó, una llama del tanque despachurrado, el bidé de la casita de la muñeca chochona y la nariz jibarizada de Belén Esteban nos queda una escultura que ríase usted de esas, que cuestan un güevo, de la muestra de arte chipén post-megaposmoderno que vimos ayer.

 

El Día de Cuenca
31 de agosto de 2011.