Paco Mora. DON DE LENGUAS

Don de lenguas

 

Tuvo un sueño extraño. él, que desconocía la lengua de Shakespeare, hablaba un inglés perfecto, culto, riquísimo y sin asomo de acento que delatara su origen español. Lo curioso del sueño es que no tenía ni la más remota idea de lo que decía. Cuando se dirigían a él en inglés tampoco entendía nada, pero podía mantener diálogos de horas en ese idioma, lo cual le resultaba muy desasosegante: cómo no quedarse con cara de tonto después de una larga cháchara en la que ni sabes el significado de lo que ha salido por tu boca, ni te has coscado de lo que te han dicho a ti. Menos mal, pensaba, que los sueños solo son eso, sueños, disparates.

Esa mañana visitaban unos importantes clientes ingleses el bufete donde trabajaba de chico para todo, y de repente, mientras servía unos cafés, se sorprendió entrando en conversación, en el impoluto inglés de su sueño, con aquellos señores tan encopetados. El impacto que causó fue enorme. Esos clientes de alto standing habían quedado impresionados ya no por su formidable dicción, sino por los conocimientos de economía y altas finanzas que parecía poseer. Su ascenso en la empresa fue meteórico. Al cabo de un año no había grupo financiero internacional al que no asesorase, y las bolsas oscilaban al son de su inglés inimitable. Lo tremendo es que como no entendía lo que decía, no podía saber lo que se supone que sabía.

Hoy se ha levantado con un nudo en las tripas. El crack económico mundial es inevitable, según le han dicho, pues él no sabe de esas cosas. Y ha soñado que entendía lo que, en su inglés suburbial, gritan esos millones de personas que se han echado a las calles, escupiendo su nombre.

 

El Día de Cuenca
12 de octubre de 2011