Paco Mora. ALAJÚ

Alajú

 

De esa maravilla de Castilla-La Mancha que es Cuenca, sus principales atractivos son, de un lado, el enclave: situada entre dos hoces espectaculares, las de los ríos Júcar y Huécar, el paisaje se abisma en precipicios improbables sobre una vegetación riquísima en matices que es un festín cromático para los ojos del que contempla. De otra parte, su casco antiguo: pino y recoleto, se ofrece a los pies del caminante como un conjunto colorista, imposible y no obstante equilibrado, en el que bajando a una casa caes en lo alto, o subiendo una calle te despeñas en el hondón de un paraje increíble. Magias de una ciudad que, suspendida en el aire, anida en el corazón de la roca. Otro reclamo de Cuenca para el visitante es su recia gastronomía: morteruelo, ajo arriero, zarajo, caldereta, alajú..., recetas con fuste que han dado lugar a toda una literatura en la ciudad, hasta el punto de que así como hay una copiosa escritura semanasantera, puede hablarse de un subgénero morteruélico, calderetero o alajuístico.

Estos días, una factura de la anterior corporación municipal por el gasto de 1.400.000 de las antiguas pesetas en alajú, ha traído ese delicioso dulce conquense a los titulares. Se comprende que esas compras se realizan como obsequio para actos institucionales u oficiales en los que se debe “quedar bien”. Pero se entiende como despilfarro si se hace en tiempos de crisis (la factura es de enero de este año) cuando más recortes aplican los políticos al pueblo llano y, además, a la empresa de un concejal de tu misma corporación y partido. ¡Y luego que la gente se cabrea y la valoración de los políticos anda arrastrada por los suelos! ¡Pa chasco!

 

El Día de Cuenca
02 de noviembre de 2011