Paco Mora. CAMBIAR, YA

Cambiar, ya

 

Los resultados de las elecciones generales del pasado domingo invitan a la reflexión. Y no la derivada de lo ocurrido con los dos partidos mayoritarios, que estaba cantado y no ha variado un ápice de lo previsto: el número de escaños conseguidos es exactamente el que les otorgaban los sondeos previos: el PP alcanza una mayoría aplastante, mientras el PSOE se hunde en la debacle. Por tanto solo cabe decirle al Sr. Rubalcaba que se hagan mirar lo suyo, que por algo será lo que ha sido, y al Sr. Rajoy desearle lo mejor y encarecerle que su gobierno sea un gobierno de bien y para el bien, que buena falta nos hace y así se le debe demandar: el enorme poder que le han otorgado las urnas implica la gran responsabilidad de ejercerlo con sensatez en estos tiempos difíciles.

Mi comentario va por otro lado. El tan traído y llevado bipartidismo al que nos aboca una ley electoral que pide ser reformada o corregida ya aunque, por supuesto, ni a PP ni a PSOE ni a los partidos nacionalistas les convenga menear al asunto. Porque les va de perlas así, claro. Pero el caso es que son millones los votantes de otras formaciones de ámbito nacional, o los que votan en blanco, y todos ellos están poco o nada representados en el parlamento. ¿Cómo es posible que un partido nacionalista triplique o aventaje en 5 diputados a otras formaciones que tienen más votantes –y hablamos de más de 1.100.000 votos en un caso (UPyD) y casi 1.700.000 en otro (IU)-. Algo chirría, luego conviene lubricarlo antes de que se oxide: con la libertad no se juega. No ha nacido un catalán o un vasco más digno que un manchego o un extremeño, por ejemplo. ¿Por qué entonces sus votos no valen lo mismo?

 

El Día de Cuenca
23 de noviembre de 2011