Paco Mora. BROZA

Broza

 

Lo hemos escrito ya tantas veces que a uno, cuando tiene que volver sobre el asunto, se le cae el alma al suelo. El mundo del arte, en general y salvando dignísimos casos cada vez menos numerosos, es puro mercadeo; anda en manos de mercachifles y filibusteros que solo buscan réditos y a los que, claro está, les trae al pairo la calidad de la obra. Se fabrica lo que sea, siempre que dé beneficios, se envuelve en celofán de colorines y se vende como el último pedo artístico, así sea broza, a espuertas, lo que hay bajo el celofán. Y lo triste es que los que cortan el bacalao ya ni se molestan en ocultarlo. Ayer mismo leía unas declaraciones de Ron Meyer, al mando desde hace años de uno de los más importantes estudios cinematográficos de Hollywood, Universal Studios. Dice textualmente Meyer sobre su cine: “hacemos mucha mierda. Un éxito de crítica es maravilloso, cuando sucede. Es genial ganar premios y hacer películas de las que uno se siente orgulloso, pero tu obligación primaria es hacer dinero y luego preocuparte por estar orgulloso de lo que haces. (...) Hay momentos que balancean (sic) toda la basura que hacemos.” Sobran comentarios. Bajando a un terreno que a uno le es más cercano, el de la literatura, puedo confiarles que conservo algún documento en el que dos grandes editoriales españolas, tras deshacerse en elogios sobre determinado libro, vienen a concluir diciendo que a pesar de las excelencias y la altísima calidad del mismo, no van a publicarlo: primero porque pertenece a un género que no vende mucho y, segundo, porque no es de un autor conocido. En fin. Así son las cosas. Hay muchas crisis. Y ninguna buena.

 

El Día de Cuenca
07 de diciembre de 2011