Paco Mora. INOCENTES

Inocentes

 

Si bien se mira, tiene su miga la festividad de hoy. Y todo por un tipo antipático que nos figuramos malcarado, chillón, torticero y bilioso. Un auténtico robainfancias, un genocida que se daba mucho pisto y por querer asesinar a un niño segó la sonrisa de cientos, con tamaña ineptitud que fracasó en su propósito. Es lo que tiene el malo de la película, que por más maldades que haga –y aunque a su paso deje un rastro de sangre de aquí a Mahón- termina siendo, además del malo, el tonto de la película. Que le den. Bien merecido se lo tiene. Hablo, naturalmente, del tal Herodes, aquel personaje infame que por estas fechas se colaba de rondón en nuestras pesadillas infantiles, cuando el maestro, o el cura, o los dos en comandita nos leían “estampas bíblicas”: ocurría, claro es, entonces, muy entonces, cuando la lectura de pasajes de la Biblia –sobre todo del Antiguo Testamento, los que más nos chiflaban- era costumbre habitual y obligada entre el alumnado de aquellas antañonas escuelas de pobre a las que uno tanto debe.

Lo que no tengo claro es qué tendrá que ver aquella sangría de inocentes, que hoy festeja el almanaque, con esa costumbre tontorra de pegar en la espalda del prójimo un muñecote de papel, u otras gansadas semejantes. Ignoro también de cuándo viene la ocurrencia de colar en el periódico una noticia falsa. No sé cuál será la de este año en nuestro diario –si es que la hay- pero estaría bien que anunciase la desaparición –por causas naturales, por supuesto- de las puñeteras agencias de calificación, auténticas herodes de nuestras pesadillas en crisis de hoy. Ay, bendita sea la inocencia. Y feliz año nuevo.

 

El Día de Cuenca
28 de diciembre de 2011