Paco Mora. SEBASTIANEANDO

Sebastianeando

 

Debo reconocer que, tras nuestros últimos rifirrafes, esta tarde encuentro a mi amigo Sebastián más sebastianeado que nunca. Quiero decir que ha vuelto a ser él, el genuino, ese ser vehemente y un tanto desconcertante que hace de su incontinencia verbal bandera y signo; una incontinencia que, como es sabido, bebe de las dos fuentes principales a las que cualquier español –o española- de pro se acoge cuando quiere ponerse estupendo, o borde, o las dos cosas a la vez: el chascarrillo o cuchicheo y la filosofía de barra o tocador. O sea, lo que vendría a ser un picatoste con peineta, es un suponer. Acodados en la barra de nuestro bar de siempre, Sebastián desgrana todos los tópicos de la navidad, uno a uno, sin dejarme meter baza, mientras tras los ventanales la tarde languidece como languidecen las tardes, un poco al tuntún y por pura costumbre. Al final, cuando se ve que ya los efluvios del alcohol bailan una conga en sus meninges, Sebastián me ha dicho: “Por cierto, que bien me la has liado, con esa ocurrencia tuya de escribir en tu columna, por estas fechas, una carta comunal a los Reyes Magos”. “No entiendo”, he dicho. “El presidente de mi comunidad”, ha rematado él, “que siguiendo tu ejemplo ha propuesto que escribamos, los de mi bloque, una de esas cartitas absurdas”. “Pero hombre”, digo, “si lo mío solo es literatura”. “Ya”, dice compungido, “eso cuéntaselo a él, que como además de presidente de la comunidad es concejal...”. “Vaya, lo siento, no tenía ni idea”, digo con retintín, “pero, ¿de los que mandan o de la oposición?” Excuso comentar la mirada que me ha lanzado Sebastián y el tiento que le ha dado al chato de vino.

 

El Día de Cuenca
4 de enero de 2012