Paco Mora. CARNE

Carne

 

No es nada nuevo. Por desgracia, sigue siendo práctica habitual en muchos países casar a las niñas a la fuerza, con hombres que les doblan o triplican la edad, previo pago de unas monedas. O sea, que las familias venden a sus chiquillas al peso, como simple carne y al mejor postor. Todavía recuerdo estremecido el caso de aquellas cinco mujeres pakistaníes a las que echaron a una jauría de perros salvajes y, medio despedazadas por las bestias, enterraron aún con vida, para que su agonía fuese mayor. Habían cometido el delito de querer elegir por sí mismas a sus futuros maridos y no aceptar los que les imponía la familia. Unos meses antes, una chica kurda de 16 años había sido lapidada por su propia parentela con extrema crueldad, mientras un cabrón retorcido se encargaba de grabar la infamia en su móvil. Supongo que Sahar Gul, esa niña afgana de 15 años que saltó hace poco a los medios, sabía lo que le esperaba, así que no pudo oponerse a ser vendida a un marido impuesto. Lo que no sospechaba es que durante meses sería sometida a torturas feroces –las imágenes de su cuerpo tumefacto no se nos olvidarán nunca- por negarse a prostituirse, como pretendían su marido, su suegra y su cuñada. La lógica es diabólica: si había sido vendida como carne, por qué no sacarle beneficio a la inversión y ofrecerla como carne al apetito de cualquier pervertido. El mundo está lleno de “paraísos sexuales” donde se prostituye a los niños. Los mejores clientes son, por cierto, “respetables señores occidentales”. Qué quieren que les diga, cuando el corazón humano se pudre hasta esos extremos, el hedor que desprende envenena incluso el pensamiento.

 

El Día de Cuenca
18 de enero de 2012