Paco Mora. BILIS NEGRA

Bilis negra

 

Es impepinable, a Sebastián el otoño le despierta la bilis negra. Se conoce que también en su cabeza caen las hojas y le dejan la mollera en puro hueso. Ha sido verlo en nuestro bar de siempre y saber que me esperaba una tarde de aúpa. “Hola, figura”, le he dicho, y él por todo saludo ha soltado un bufido y, sin mirarme siquiera, le ha dado un tiento al chato de vino. “¿Te pasa algo, Sebastián?”, he preguntado, y entonces él ha levantado la vista del vaso y me ha largado de corrido: “¡Qué cuajo tienes! Con amigos como tú, ¿quién necesita enemigos? Llevas meses, años pasando de mí, acordándote de mi existencia de pascuas a ramos para solventar alguna faena de aliño y me preguntas si me ocurre algo. Pues que estoy cansado. Harto de que me tengas en tan poca consideración. Que uno, como decía el poeta Rafael Pérez Estrada, está tiritando de inédito. Y eso duele. Sobre todo cuando has servido bien a tu señor. Uno puede ser de papel, un mero personaje pero, ¿sabes?, también tiene su corazoncito. De papel, pero corazón al fin. Supongo que hoy has venido, como las elecciones fueron hace poco, para poner en mi boca lo que le escuece a tu garganta, alguna de esas frases tuyas, pedantonas y resabiadas, del tipo: hemos pasado de un estado democrático a un estado bipartidista y el pueblo, siempre en medio, es el gran perdedor. Pues se acabó, eso se lo haces decir a Rita la Cantaora, porque yo me apeo. Y además, alma de cántaro, tú sabes que yo voté a Mariano.” Cuánto daño nos ha hecho a los escritores Pirandello, he pensado. He pedido unos vinos y Sebastián, esbozando una sonrisa sibilina, me ha echado un brazo por los hombros.

 

El Día de Cuenca
30 de noviembre de 2011