Paco Mora. LAPONIA

Laponia

 

Uno pertenece a una generación de gentes de pueblo a la que todavía le tocó vivir su infancia sin agua corriente en las casas. Había que llenar cántaros y botijos en la fuente y hacer brazo tirando de la garrucha del pozo si querías lavarte las legañas, calmar la sed o hervir las habichuelas en el puchero. Mis resobrinos dicen que no saben cómo podíamos vivir así, sin grifos. Es que no había grifos, les digo. Pero comprendo a mis resobrinos. Sobre todo desde que los Reyes Magos me echaron un “smartphone”. No sé cómo he podido pasar tantos años de mi vida sin el maravilloso apechusque y las infinitas posibilidades que ofrece. Que me ha cambiado la existencia, vamos. Sí, ya sé que hay quien sostiene que la mayoría de las aplicaciones que te da el aparatejo, o que te puedes descargar, son inútiles, cuando no tontas o absurdas. Ignorancia. O que lo han probado poco. Por ejemplo, desde que me bajé una aplicación que mide la intensidad de los orgasmos de mi novia, mi vida sexual es otra, más satisfactoria, para ambos, que aquella tan sosángana que llevábamos antes. Sin comparación. Gracias a mi “smartphone” hoy sé cuándo debo apretar el acelerador o cuándo tirar del freno de mano, así que nuestras relaciones íntimas son una gozada casi perpetua. Oye, y que luego rindes más en el trabajo y tienes otra alegría en el cuerpo. Un amigo que sabe de esto, ha creado ahora una aplicación –no es muy útil, pero te tronchas- que cuenta los platos que lava por minuto un simpático dibujillo que representa a un gerifalte de la CEOE metido, por esto de la crisis, a lavaplatos. En Laponia, nada menos. Figúrense lo que debe ser darle al estropajo en lapón. La monda.

 

El Día de Cuenca
07 de marzo de 2012