Paco Mora. ARRUGAS

Arrugas

 

Nos debatimos entre el bien y el mal, entre la inopia y el acicate, entre las churras y las merinas. Vamos del blanco al negro (¿y el arco iris?), del puedo al no quiero, del desván a un salón con mucha cretona y terciopelo. Entre el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, esa dualidad que paradójicamente nos hace uno mitad con mitad, hay una delgada línea fronteriza en la que habitan nuestros monstruos, nuestros demonios y fantasmas, pero también el ángel de la guarda que vigila y protege nuestros sueños dormidos y el sueño que nos despierta y espabila. “Yo es otro”, escribió Rimbaud, y ahí, en el otro, en ese enigma que nos inquieta y nos conforma, se cifra la entera cuenta de nuestra vida: lo que pudimos ser y no somos, lo que siendo, tal vez mañana ya no seamos. Porque ni pudimos ni nos dejaron. Corren tiempos turbios y desnortados en los que nada es lo que parece, quizá porque todo se sustancia en la pura apariencia, que es hueco, grieta, baldío. Nos apabullan a diario con grandes números, con palabras escritas en mayúsculas –o sea, vacías-, con la abstracción absoluta que ni entendemos ni nos permitirán entender jamás. Pero tragamos. Y ahí radica la tragedia. Tragamos por ignorancia y, ante todo, por miedo. A sabiendas que del miedo nadie puede regresar indemne. Y así vamos tirando, hacia donde nos empujan, en recua sumisa y obediente. Pero obviamos que tras las macrocifras, tras las megapalabras (pronunciadas con mucha politiquería desde torres de marfil blindadas) están las personas que, indefensas, caen aplastadas bajo su losa tremenda. La crisis es la muerte de ese jubilado griego al que su mísera pensión no le alcanzaba para la vida. No deberíamos olvidarlo, o se nos llenará de arrugas la memoria y, a lo peor, la conciencia. Ayer, cerca de mi calle, una mujer pedía limosna. En sus manos un cartón escrito desolador: “Soy una mujer muy triste. No tengo para comer.” Todo lo demás es silencio. O arrugas.

 

El Día de Castilla la Mancha
11 de abril de 2012