Paco Mora. P&Ooacute;NGALE CUENTO A SU VIDA

Póngale cuento a su vida

 

Nobleza obliga. Así que, aunque a toro pasado –anteayer se celebraba la efeméride-, como hombre dedicado a este menester un tanto turulato de hilar palabras y ponerlas por escrito, quisiera prestarle hoy mi columna a ese objeto generalmente rectangular al que llamamos libro. Pero como el asunto da para largo y desborda con mucho el menguado espacio de este articulillo, quisiera romper una lanza por los de un género al que, siendo el mayor de entre los de narrativa, por estos lares se le ha prestado siempre escasa atención; me refiero a los libros de cuentos o relatos.

A los cuentos le pasa, pizca más o menos, lo que a la poesía, que son más practicados y mentados que leídos. Dan prestigio, entre las gentes del mundillo literario pero, ay, venden poco. Raro es el novelista que no ha coqueteado con el relato breve, pero escasean los narradores que han consagrado al cuento lo mejor de sus talentos. Los Stevenson, Chéjov, Maupassant, Poe, Aldecoa, Cortázar, Borges, Ribeyro, Monterroso, Cheever, Monzó, Covadlo, etcétera, son los “rara avis” del tinglado editorial, que se mueve con otros criterios e intereses y, desde luego, prefiere caminar por senderos ya trazados –la pela es la pela- antes que arriesgarse por vericuetos desconocidos.

En las listas de los libros más vendidos rara vez aparece uno de cuentos, cuando en este mundo de correprisas, de productos de usar y tirar donde no hay tiempo para nada que no sea inmediato y tangible, parecería lógico que por su naturaleza breve el relato se mostrarse más sugerente y apetecible para el lector que lo extenso. Esto solo se entiende como el resultado de una educación lectora de desguace jaleada por una política editorial que anda a la pata la llana y con anteojeras. Muy distinto a lo que ocurre en otros países, bastante más leídos que el nuestro por cierto.

De modo que, ánimo, échenle cuento a su vida. “El diablo de la botella”, de Stevenson, o “La noche boca arriba”, de Cortázar, no le llenarán el monedero, pero le darán mucho abrigo.

 

El Día de Castilla la Mancha
25 de abril de 2012