Paco Mora. DE LO EFÍMERO

De lo efímero

 

Una de las más perniciosas enfermedades del alma es la del anonimato. Se diría que ser hoy un tipo anónimo es una dolencia grave que debemos tratarnos cuanto antes si no queremos caer en el pozo insondable de la depresión, antesala del secarral en el que se agostará sin remedio nuestra vida de don nadie. Cómo entender si no el afán de miles de paisanos que acuden para curar su insignificancia a los santuarios/hospital en que se han convertido las televisiones. Todo vale por obtener tus cinco minutos de gloria, por fardar ante el vecindario del imponente palmito de señor importante que la tele te procura. Da igual si para ello tenemos que abrirnos las venas en canal ante las cámaras, mostrar nuestros menudillos frente al auditorio o rebuznar: has salido en el cajón catódico, luego tu yo más íntimo ha cobrado carta de naturaleza real entre los vivos, has dejado para siempre tu huella sobre la tierra.

Intentar explicar a esa legión de infelices que toda obra humana, por sublime que sea, nace con una definitiva vocación de olvido, que no hay huellas indelebles, sería perder el tiempo; difícilmente podrás ver un árbol o tus propios ojos en los ojos del otro si lo que miras es tu ombligo. Lo que resulta más chocante es que un buen número de escritores, músicos, pintores, etc., es decir, gentes por lo general preparadas y cultas que gastan sus días intentando ofrecernos obras artísticas de mérito, se muestren remisos a la hora de aceptar esta dolorosa verdad. Gregorio Martínez Sierra, famoso autor multiventas en su época –a quien, por cierto, le escribía las obras su mujer, María Lejárraga-, unas décadas después de su muerte anda sumido en el ostracismo y a la vuelta de unos pocos años más nadie recordará su nombre. Don Quijote, ese jovenzuelo de más de 400 años de edad –con 800 seguirá siendo un pipiolo genial-, está condenado a convertirse sin remedio en polvo de estrellas el día en que se apague la luz de la galaxia.

Si es que queda alguien para apagarla, claro.

 

El Día de Castilla la Mancha
09 de mayo de 2012