Paco Mora. SER Y APARENTAR

Ser y aparentar

 

Si eres viejo, y además lo pareces, date por jodido. Has equivocado la ocasión, la época y el lugar. Vivimos en una sociedad tan pagada de sí misma, tan cruelmente aparente, ramplona y cicatera, que todo lo que supera en unos años la edad del pavo huele a decrepitud y, como tal, conviene señalarlo y apartarlo a un lado, donde ni moleste ni contagie, porque como todo el mundo sabe la vejez es bacteria muy peligrosa, mortal de necesidad, que se pega simplemente con olerla. Y de ahí a convertirte en un estorbo o en un bulto sospechoso media un paso.

Solo un pecado iguala al de la vejez: la gordura. Si tienes la desgracia de ser gordo –y si lo eres, no lo dudes, es por tu culpa, por tu grandísima culpa- más te vale implorarle a Dios que te trague la tierra cuanto antes, para no dejar rastro de tu feo e ignominioso paso sobre el globo terráqueo. Si eres viejo y gordo, para qué las prisas, ya ni te cuento. Yo tuve una vez una perra callejera entrada en mollas, que encima llegó a vieja, y todas las señoras fondonas del parque –que lucían perritos sílfide con pedigrí- me llamaban, entre dientes, criminal. Es lo que tiene vivir en la sociedad de la imagen, que al final todo es pura imagen. Retocada a conveniencia, por supuesto (o sea, falseada), pero imagen. Y tú vas y te lo crees. Y por tanto te aplicas en borrar el pasado de tu rostro, las usuras del tiempo de tus tetas, del pegote de tu nariz y de tu ombligo y, a ser posible, esas insidiosas arrugas –que traen a maltraer a tu conciencia- de tu memoria.

Y los de mi generación, aún, tira que te va; pero qué será de las nuevas hornadas de pipiolines que, dicen, tendrán una esperanza de vida de 120 años o más. Claro que lo mismo para entonces ni vida ni esperanza ni nada, porque hemos mandado el planeta a hacer gárgaras. Que tal y como están las cosas todo pudiera ser.

 

El Día de Castilla la Mancha
23 de mayo de 2012