Paco Mora. ¡EA!

¡Ea!

 

Lo bueno de saltar a la palestra una semana después de las elecciones USA -es lo que tiene sacar tu columna en día fijo- es que ya conoces, además del resultado, las opiniones del gremio, las reflexiones más sesudas e incluso las tonterías que se esparcen a troche y moche entre las hojas volanderas de los periódicos; lo malo es que a ti te quedan pocas tontunas por decir y escaso margen para el comentario original. Sacar a colación los últimos cuatro años de mandato de George W. Bush para concluir que es un mal presidente no nos parece una argumentación muy novedosa, por más que en ese tiempo el mundo se haya convertido en un lugar aún más violento e inseguro, las desigualdades entre ricos y pobres abran brechas poco menos que insondables, la fractura entre Estados Unidos y nuestra vieja Europa se agudice día tras día a ojos vista y mil millones de musulmanes miren con algo más que recelo nuestra concepción del mundo y la manera de imponerla, con o sin vaselina. Echar mano del pasado remoto del Sr. Bush y decir que fue un pésimo estudiante y un hombre de negocios lamentable, que apenas entiende lo que significa leer un libro o que su antigua afición por empinar el codo -y otras yerbas- explican, según algunos prestigiosos psiquiatras, las peculiaridades de la personalidad de este hombre, tampoco aporta gran cosa que no supiéramos ya, como no lo hacen los bochornosos deslices a los que nos tiene acostumbrados en sus discursos públicos, en los que, cuando se sale del guión, suelta disparates a porrillo del calibre: "Bueno, si vas a hacer algo y no lo haces, eso es honradez" o "No hago caso de los sondeos. No hago caso. Solo hago lo que creo que está mal". Claro que del demócrata John Kerry no sabemos mucho, ni siquiera la marca de su ketchup favorito -perdonen la humorada- y a buen seguro su pensamiento político, social y económico no difiere un ápice del de Bush, pero acaso nos habíamos hecho la vana ilusión de que a la hora de ponerlo en práctica podríamos hablar de un cambio sensible…
Con todo, lo peor es que con la reelección de Bush han dinamitado nuestra creencia última en la justicia poética, porque un hombre que escribe y hace público un presunto poema como este: "Querida Laura, / las rosas son rojas / las violetas son azules / Oh, mi bulto en la cama / cuánto te he echado de menos / Las rosas son más rojas / Yo me puse triste / viendo cómo te besaba aquel encantador chico francés. / Los perros y el gato te extrañaron también. / Barney, aún enfadado porque lo dejaste, se comió tu zapato / La distancia, querida, ha sido una gran barrera / Otra vez que quieras una aventura, aterriza en un portaaviones", un poeta tan rematadamente malo, digo, si de verdad la justicia poética no fuera mera utopía, jamás sería el boss del imperio. Ay, querido Goyo, qué pocas cosas nos van quedando. Y tú con la pierna en ristre. Ánimo, amigo. ¡Ea!

 

El Día de Cuenca
10 de noviembre de 2004.