Paco Mora. NOVIEMBRE

Noviembre

 

Lo tenemos ya muy escrito por ahí: en estos días desmochados del otoño a mi amigo Sebastián se le abre una espita en el corazón y un nublo en la cabeza que le obliga a transitar las sendas de lo peripatético, un poco a tontas y a locas, como si el espesor del tiempo, de todos los tiempos idos y venideros se posaran de golpe en él con su carga de usura a cuestas. Acodados en la barra de nuestro bar de siempre miro a Sebastián dándole vueltas al vaso de vino, bebiendo a pequeños sorbos, taciturno y casi callado, aunque su inclinación al parloteo suma sus labios en un bisbiseo atropellado, inaudible, en un rezo sin palabras o en el que las palabras apenas si alcanzan el cuello de su camisa. "¿Qué rezas, Sebastián?", le digo por sustraerlo de su ensimismamiento. "No rezo", me dice, "pienso en voz baja". "Bueno, pues eleva un poco el tono, a ver si también yo te oigo el pensamiento". Tras un breve silencio, Sebastián levanta los ojos del vaso, me mira con expresión marchita y con lágrimas en los labios me dice: "He perdido el don de la infancia de mis hijos, y desde que me he dado cuenta me siento viejo, muy viejo. Me quedan cuatro telediarios y dos madrí-barça, y en medio, nada". "No seas tremendo, Sebastián", replico, "pero si estamos hechos unos pipiolos todavía. Pues no te queda a ti mecha…" "Ya", me corta lacónicamente, "para ti es fácil decirlo, tú acabas de tener un bebé y eso es tanto como tener de pronto toda la vida por delante, la suya, pero que será la tuya también. Además, no olvides que tú eres un ser real y yo un personajillo de papel, te basta romper el folio en el que ahora escribes y Sebastián se volatiliza en el aire al instante o, a lo peor, acaba en la papelera hecho un gurruño y de cuerpo presente". No me esperaba la salida, así que un poco aturdido intento salir del paso. "¿De papel?, qué dices, Sebastián, ¿acaso don Quijote es de papel?". "Don Quijote es un sueño compartido, nada más; el de sus lectores y el de su autor. Papel. Tú puedes poner en mi boca la estupidez más grande y yo no podría evitarlo o hacerme decir en plan pedante: el amor es un balazo en el alma con orificio de salida pero no de entrada, más aún, el amor es el ánima del revólver que disparó la bala, pero no tienes ni idea de si me gusta asumir o no la autoría de esas palabras". "El sueño es creerse de papel, Sebastián", le digo ya a la desesperada, "por ejemplo, de mis escritos acabas de saltar a los del profesor Mota y su tertulia del resoli, ¿o no?, luego estás más vivo que nunca". "Papel", insiste en la tristeza, "y tan plano como Renato, alma máter de la tertulia a la que te refieres". Definitivamente debe ser verdad el tópico y acaso en otoño lo mejor sea dejarse ganar por la melancolía. Al menos hasta que escampe.

 

El Día de Cuenca
17 de noviembre de 2004.