Paco Mora. LA ENE

La ene

 

La decimosexta de nuestro abecedario es una letra molona, que diría un chaval, imprescindible para escribir, precisamente, la palabra molón.
Con la ene naces pero también escriben tu necrológica.
Con la ene puedes ser nadie, nada o ninguno, a elegir, pero de ninguno, de nada o de nadie te puedes namorar, que es lo mismo que enamo-rarse pero con aféresis, que suena a más.
Sin ene, en cambio, no habría naciones pero tampoco nacionalismos, lo cual, bien mirado, compensa, y perderíamos estas fiestas tan entrañables, la navidades, que descompensan tanto. Lo peor es que además se volatilizarían los protagonistas de nuestra Semana Santa: los nazarenos y sin nazarenos la Semana Santa como que no compensa. O sí.
Le ene define al necio, al negativo y al negligente pero también al noble y al notable, al niño, a la ninfa y a la nínfula.
La noche no sería ni noche ni negra sin la ene, y resultaría imposible negar nada a nadie, qué lío.
Por la ene respira la nariz, llueven las nubes, suspiran las novicias y pasan minuta los notarios.
Sin la ene el álgebra y la aritmética serían ciencias inexactísimas, pues no habría manera de representar el exponente de una potencia indeterminada. El caos.
Pero lo más importante, sin ene Cuenca se diría Cueca, que como nos enseña el diccionario es un baile popular, así que los coqueses seríamos todos sin excepción bailaores, con lo mal que llevamos algunos lo de danzar al son que nos tocan.
Y ahí queríamos llegar con la humorada, a Cuenca. El atento lector habrá observado que no hay logotipo, cartel o anuncio oficial en el que la palabra Cuenca no se escriba así: CUEnCA, es decir, con la ene en minúscula encorsetada entre las otras cinco letras mayúsculas. Los amargados y los resentidos pensarán que esa minúscula representa bien a las claras la nada en la que esta ciudad ha estado sumida desde la noche de los tiempos. Yo prefiero buscarle un significado más sutil y poético. Con esa ene se ha querido resaltar la palabra naturaleza frente a la palabra cultura, ya saben, por el eslogan: Cuenca, naturaleza y cultura. Muy lógico. Por más que escritores, pintores, músicos y artistas varios intentáramos mostrar las bellezas que nos rodean, nuestras obras, por perfectas que fueran, apenas lograrían rozar la hondura y la magia de la más insignificante hoja de un chopo del Júcar. Claro que lo de poner así la palabra Cuenca es cosa de diseño, no hay que buscarle tres pies al gato, y lo demás, hablar por hablar, o sea, en este caso por llenar de letras esta columna escacharrada.

 

El Día de Cuenca
15 de diciembre de 2004.