Paco Mora. NOCHE DE REYES

Noche de Reyes

 

Definitivamente no, nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Doña Purita, la del 3º, anda de un tiempo a esta parte con una gotera en la frente, de modo que cuando baja la escalera va moteando los peldaños de ideas extraviadas y sueños a medio soñar que ponen perdidos los baldosines. Luego Maripili, la chica de la limpieza, tiene problemas con la cosa del reciclado pues no sabe en qué contenedor echar las pérdidas de doña Purita; que se sepa, dice, el ayuntamiento aún no ha puesto recipientes apropiados para recoger los desgarrones del alma, las púas del corazón y las arrugas de la conciencia. Al señor Pepe, del 1º, le trae a maltraer una espita que se le ha abierto a la altura de la línea de flotación, lo cual -me dice con una pizca de picardía- le provoca ciertos problemas a la hora de cumplir con su señora esposa, que no es que sea muy exigente con él en materia sexual, pero tiene su punto y su necesidad biológica, sobre todo el primer y tercer sábado de cada mes. Las trillizas -así llamamos en la comunidad a las realquiladas del ático- han pasado de ser unas estudiantes modelo a poco menos que unos pendones desorejados a la caza del famosillo de turno: se han dado de plazo el año 2005 para hacerse un hueco en el programa de Sardá y retratarse una semana sí y otra también en todas las revistas del colorín, compuestas y siliconadas, por supuesto. Respecto a la familia Tralará (el apelativo es cariñoso), los del entresuelo, mejor callar, por respeto a los grillos. El solterón del 2º, un servidor de ustedes, no va a tirar piedras sobre su propio tejado, pero les aseguro que también tiene lo que tiene con lo suyo.
Así las cosas, pueden imaginarse cómo nos ha salido la carta que mancomunadamente escribimos todos los años a los Reyes Magos. De locura. Quien no pide una mujer hermosa que sepa volar, pide unas tetas nuevas o un marido de quita y pon o una galaxia entera con sus planetas y sus satélites y sus estrellas o una tienda de sexo completa con lo último en tecnología punta. En fin, una locura, ya digo. Nadie pide la paz para el mundo, como está mandado; ni esas cosas tan antiguas y tan tontas y tan sentimentales como un bote de colonia o que Bush se retire a su rancho. Y lo peor es que como yo soy el encargado de echar la carta al correo, aquí me tienen, a unas horas de la cabalgata y sin saber qué hacer. Porque lo malo no es creer en los Magos de Oriente y en los sueños, sino que éstos se cumplan. Y la tengamos.

 

El Día de Cuenca
05 de enero de 2005.