Paco Mora. EL BESO

El beso

 

En la secuencia más sentimental (algunos dirán sentimentaloide) de "Cinema Paradiso", el protagonista contempla, embargado por la emoción, un montaje de recortes de celuloide donde se hilvanan uno tras otro decenas de besos de película, besos que durante la infancia y adolescencia del protagonista la pacata censura de la época hurtó de aquellos viejos filmes que, a la postre, configurarían su memoria sentimental: se cierra el círculo de la sentimentalidad.
Para varias generaciones de occidentales, o para buena parte de ellos (entre los que me cuento), las películas de la factoría hollywoodiense de los decenios 40-70 del pasado siglo han incidido de manera notable ya no en nuestra educación sentimental, sino en nuestro modo de mirar y, sobre todo, de acercarnos al arte y a sus tretas, léase literatura, música, pintura, etcétera. Y los besos, esos besos peliculeros, enlatados, a labio abierto o en falsete, en blanco y negro o a todo color, han tenido buena culpa de ello porque, cuando menos, han tintado nuestros sueños de rojo satén. Cuesta imaginar ciertas cosas sin los besos apasionados de Ava Gardner, sin los labios glaciales -pero al fin siempre entregados- de la Garbo, sin los besos casi párvulos (pero ardientes) de Marilyn, sin la desmayada elegancia de los de Cary Grant y las Hepburn (Katharine y Audrey), sin las tórridas efusiones de Bogart y Rita Hayworth y Bárbara Stanwyck, sin el beso fatal de Lana Turner, de Lauren Bacall o de Joan Bennett.
Por eso nos ha llamado la atención el caso de la actriz Aishwarya Rai, la rutilante estrella del cine producido en la India y, para algunos, la mujer más bella del mundo. Tras filmar 29 películas, a Aishwarya nunca la han besado en la pantalla, claro que en el cine indio -reflejo de una sociedad que tolera mal las muestras físicas de afecto en público- no se permiten las escenas sexuales, ya sea una caricia o un revolcón. Recién desembarcada en Hollywood -donde ya ha rodado dos películas sin beso- la cuestión que se plantea ahora es cuánto tiempo tardará la bella actriz en pasar por el aro. Ella misma cree que poco. Lo malo será que, tal y como está la industria cinematográfica americana hoy, cuando Aishwarya entre por fin en el olimpo de nuestros mitos de celuloide, lo hará por la puerta falsa, quiero decir en una comedia romántica infumable, con guión de video clip, para almas púberes o adolescentes tardos. Eso sí, como el asunto tiene su morbillo, la gente acudirá en masa a ver ese primer beso de plexiglás; una tontuna de beso que probablemente será el más caro de la historia del cine: no quiero imaginar los indecentes emolumentos que percibirá la actriz por perder la carnosa virginidad de sus labios. Y si no, al tiempo.

 

El Día de Cuenca
09 de febrero de 2005.