Paco Mora. GUSANOS

Gusanos

 

En el cuerpo, a veces, se libra una batalla sin par entre tirios y troyanos. La gripe (a secas), y quién sabe si también la del estómago y la del pollo, se ceba en nuestras enzimas y va sembrando de cagaditas febriles nuestros malbaratados huesos. La realidad, entonces, se torna huidiza, los músculos adquieren una consistencia gomosa y un coro de grillos se empeña en taladrarnos la cabeza con un aleluya interminable de marcados tonos cacofónicos. Los gusanos (porque por mucho que los científicos den en llamarlos virus o bacterias se trata de gusanos cabezones) abren una puerta a la altura de nuestro tobillo, ascienden por la pierna, montan su campamento base en nuestro intestino grueso, siguen luego su escalada por pulmones, bronquios y garganta y para cuando coronan la cima -papilas gustativas y membrana pituitaria incluidas- por nuestra realidad transita ya una gusanera imparable que todo lo filtra a través de su cristal deformante. No resultará raro que, llegados a este punto de fiebre, se nos represente toda la parentela de la bicha: los gusanos que se cuelan de rondón en los partidos y hacen carrera política, los gusanos que arrastran sus babas de televisión en televisión y esos otros que se apuntan a cualquier cotarro que tenga que ver con la cosa cultural. Todos estos -por desgracia son multitud- conforman el tejido adiposo de nuestra sociedad y contra ellos cuesta Dios y ayuda luchar, entre otras cosas porque entran sin llamar y se pasean por nuestro salón como Pedro por su casa. Es lo que tiene febrero, al menor descuido te deja compuesto y con las defensas al aire. Y cuando crees que has superado la crisis llega lo peor; enchufas el ordenador y ahí está el gusano, navegando por tus archivos y dejando en cueros tu más preciada intimidad. Te dices: Así que era eso. El gusano lleva dos semanas acogotando tu sistema inmunológico y tu sistema informático, todo a un tiempo, pero te consuelas pensando que un sapejo virtual (¿cómo habrá saltado del ordenador a tu cuerpo?) no podrá acabar nunca contigo, tan carnal tú, por más que nos empecinemos en "virtualizar" la vida entera. Claro que esto nos pasa -te dices- porque aprendimos mal la lección de nuestra madre cuando nos precavía de aceptar caramelos de extraños, o sea, por abrir al buen tuntún correos electrónicos de desconocidos y jugar al equívoco entrando en páginas web guarrindongas. Aunque siempre estamos a tiempo de corregirnos y rectificar. Yo, por ejemplo, solo visito ya in-ternet para mirar páginas como perso.wanadoo.es/belmonte , o mejor aún, pagina.de/pacomora y www.pacomora.tk. , donde uno puede recrearse una y otra vez en esta columna que acabas de leer, paciente lector y, si me apuras y sabes observar con la debida atención, quizá encuentres ahí tu particular bálsamo de Fierabrás para mitigar tus achaques. Y no es porque yo lo diga. Tú entra. Lee. Y verás.

 

El Día de Cuenca
11 de febrero de 2004.