Paco Mora. METROSEXUALIDAD Y CONQUENSISMO

Metrosexualidad y conquensismo

 

Se veía venir. Era inevitable como la llegada de la nieve en febrero o los nabos en adviento. Cuenca, tan ninguneada antaño pero, a lo que parece, tan de moda hoy, acoge solícita las tendencias más actuales. Se hacía eco de la evidencia, hace apenas tres días, un buen reportaje de este periódico: ha llegado a la ciudad el hombre metrosexual. Signifique lo que signifique y aluda a quien aluda el término de marras. Porque esa es otra, ¿qué nuevo tipo de hombre es éste que se nos anuncia ya en la misma ribera del Júcar? Si echamos mano de su paradigma, el Sr. Beckham, se convendrá conmigo que difícilmente vamos a encontrar por estos pagos a un sujeto con semejante fama, poder adquisitivo y manejo mediático. De otro lado tampoco queda muy claro si al metrosexual le gusta Kafka o tiende a leer (si es que lee) libros del tipo "Manual de autoayuda para animales de compañía con trastorno bipolar", si prefiere los caracoles a las ostras (o ambas cosas), si le gusta el cine, el arte conceptual o la poesía críptica o si, en fin, se embelesa ante una puesta de sol en Granada, frente al escote de una yogurina en un local de copas minimalista o ante el peinado retro de ese bigotudo con el que se cruza en la calle. Así pues solo podemos saber que este hombre del siglo XXI es joven -no más de treinta y pocos años-, deportista -de gimnasio, mayormente-, muy preocupado por su cuerpo y por su imagen y asiduo de esos santuarios de la estética reservados a la mujer hasta hace poco. Descendiendo a nivel local dicen que el metrosexual conquense se gasta unos doscientos euros mensuales para mantenerse en un estado de metrosexualidad aceptable y que esos dineros se le van en algunas cremas limpiadoras, exfoliantes, anti-edad, nutritivas e hidratantes, en depilaciones de cuerpo entero (¡ay de las ingles!), en sesiones de rayos uva y en afeitados y peluquería: ¡solo ellos saben lo que cuesta conseguir un despeinado de diseño como está mandado!
La duda que a uno se le plantea es si metrosexualidad y conquensismo serán compatibles. Me duele pensar que no, pobrecicos, con el trabajo que da mantener un cuerpo y un careto políticamente correctos. Lo digo porque se supone que tanto sacrificio debe tener su fin y su recompensa, en este caso lucir el palmito, darse a ver en el vecindario; pero tengo para mí que Cuenca, con su climatología tan adversa y sus tradiciones tan rigurosas -repárese en la sobriedad del atuendo nazareno o en el estilo grunge de los uniformes mateos, por ejemplo- da poco juego para el aireo de cutis exfoliados y torsos tonsurados. Lástima. Habrá que esperar a que el cambio climático nos sea propicio y Cuenca, con la subida del nivel del mar, se convierta en una ciudad costera, con sus chiringuitos, sus playas y sus culitos al viento.

 

El Día de Cuenca
02 de marzo de 2005.