Paco Mora. EL TORO

El Toro

 

Mañana se cumplen cuarenta años de la publicación del libro Edipo el Rey, de Carlos de la Rica. El dato servido así, en frío, quizá no diga gran cosa a muchos, si acaso la celebración -todo nuevo libro editado es un canto de celebración- de una obra que para los seguidores del autor en particular, y para los lectores en general, supuso un motivo de gozo. Lo importante del aniversario, y por eso lo saco a colación, es que con ese título Carlos de la Rica inauguraría en aquel lejano marzo de 1965 la editorial "El Toro de Barro", una editorial emblemática que al cabo de los años habría de convertirse en un referente obligado de la poesía de este país, o si lo prefieren del pulso poético que marcaba el quehacer -unas veces con mejor salud, con peor otras- de buena parte de nuestros hombres de letras. A aquel título inicial siguieron otros de Eduardo Chicharro, Ángel Crespo, Gabino-Alejandro Carriedo, Antonio Martínez Sarrión, Federico Muelas, Acacia Uceta, etcétera, hasta completar, mediados los años noventa del pasado siglo, el nada desdeñable número de ciento cuarenta y tantos libros publicados.
No es lugar éste -el tiempo y el espacio mandan- para analizar aquella primera etapa de "El toro", pero sí para recordar que tras la muerte de De la Rica, su editorial, lejos expirar con un último mugido, cobra un renovado ímpetu bajo la dirección de Carlos Morales. Desde que en 1999 Morales reanudara las publicaciones de "El Toro de Barro" son cerca de noventa los títulos que ha dado a la imprenta, incluidos los "Cuadernos del Mediterráneo", un volumen editorial que se me antoja descomunal para un editor modesto que debe lidiar sus toros casi a pecho descubierto y en un redondel -léase mercado- voraz y desatento. Sé que la intención de Carlos es loable y de ahí su esfuerzo titánico por colocar al Toro entre las editoriales de poesía que cuentan en este país, sé de su rectitud de criterio, de su entrega, de su ilusión, pero también me consta que alguna vez se ha equivocado -o lo han equivocado-, que se ha sentido engañado en ocasiones y ninguneado otras, que las dificultades para seguir adelante han llegado casi a ahogarle por momentos, de ahí ese poso que adivino en él últimamente, con otros amigos comunes, de cansancio, de hastío.
Carlos, no sé cuál será el futuro de "El Toro de Barro" -espero que largo- pero sé, como los buenos lectores saben, que no andamos sobrados de espacios donde fluyan libres las palabras, que cuarenta años es mucho (a veces una memoria entera a la que nos debemos), para los que como tú y como yo y como tantos otros seguimos creyendo en la necesidad inclaudicable de la poesía.

 

El Día de Cuenca
16 de marzo de 2005.