Paco Mora. PRIMAVERA

Primavera

 

Sin duda los primeros compases de esta extraña primavera que no lo es -al menos climatológicamente hablando- serán recordados por la notable cantidad de noticiones que ha traído consigo, noticias de las que antes llamábamos "de alcance" y que a las redacciones de los periódicos les vienen como agua de mayo, pues sin apenas cantearse llenan las planas de fotografías a tutiplén y de abigarrados textos de lo más aparente. Por supuesto, la muerte del Papa Juan Pablo II ha batido todos los récords conocidos -y tal vez por conocer- como "fenómeno mediático". Uno tiene la impresión de que no ha habido televisión en el mundo que no le haya dedicado al acontecimiento 25 horas de programación diaria durante los últimos doce días. Un fenómeno sociológico que alguna vez deberemos estudiar en profundidad y que no se explica sólo por la indudable importancia histórica del personaje fallecido, ni por su carisma o su capacidad para hacer de su pontificado, por momentos, una auténtica fiesta mediática, ni siquiera se explicaría por la polémica que en muchas ocasiones ha acompañado el largo viaje del Papa Wojtyla durante sus 26 años al frente del Vaticano. No. Tiene que haber algo más. Uno intuye que en el mundo en general, y en occidente en particular, tan faltos como estamos de valores de todo tipo, quizá se ha querido ver en este Papa -con las luces y las sombras que se quiera- un referente moral sólido y de largo recorrido. La noticia seguirá siendo notición al menos una semana más, hasta que conozcamos a su sucesor. Papeleta difícil, la del nuevo Papa, con el legado recibido, entre otras cosas porque Karol Wojtyla entrará a buen seguro en el santoral, y no tardando.
Lo cual que la muerte de Rainiero, el príncipe de ese principado de mentirijillas que llaman Mónaco y que pasará a la historia por haber dado pie -primero él con su boda y sus hijos después con sus calaveradas- a la invención de las revistas y programas del corazón, su muerte, digo, ha quedado eclipsada; como descafeinada está la campaña electoral para las elecciones vascas, ese corro de voceadores del norte que repiten su discurso desnortado una y otra vez sin cambiar una coma; y no digamos nada del bodorrio del Príncipe de Gales con su amante formal de toda la vida, sin relieve ninguno, con lo dada que es la monarquía inglesa al fasto, la horterada y el colorín; menos aún que decir de los actos que se suceden, muchas veces al buen tuntún, sobre el estomagante IV centenario del Quijote. Etcétera, etcétera.
Quizá esta primavera que no lo es -con sus virus y bacterias atacando como en los mejores días del invierno- se resiste a llegar porque su advenimiento no sería noticia entre tanta noticia de relumbrón. Una lástima.

 

El Día de Cuenca
13 de abril de 2005.